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No hay nada que se le escape a Dios. Dios oye todas las palabras de todas las personas del universo, por lo tanto, lo importante, no es si escucha sino si tiene la intención de contestarnos.

La oración es el medio que Dios creó para que podamos comunicarnos con Él.

Es a través de la oración que le confesamos nuestros pecados y reconocemos nuestro arrepentimiento y necesidad de salvación.

Es a través de la oración que le expresamos nuestras necesidades, nuestros anhelos, nuestros miedos…

Pero debemos recordar que la oración es el medio que Dios instituyó para que su pueblo se comunique con Él.

Aunque Dios escucha a todo el mundo, ha dejado muy en claro las situaciones en las que no nos escuchará para respondernos.

a-Dios no escucha para respondernos si no estamos dispuestos a renunciar al pecado.

b-Dios no escucha para respondernos cuando pedimos para satisfacer nuestros deseos y caprichos

c-Dios no escucha para respondernos cuando lo que pedimos no está de acuerdo con el propósito que tiene para nosotros

d-Dios no puede respondernos cuando pedimos por costumbre y sin fe

Para que Dios responda nuestra oración, debemos ser sus hijos, hijos que se sujetan a su voluntad y renuncian día a día al pecado.

Dios escucha las oraciones


Hoy en día los cristianos son uno de los grupos más acusados de homofobia…pero, ¿Los cristianos son homofóbicos realmente?

Ni Dios, ni la Biblia ni los cristianos somos homofóbicos ni discriminatorios con los homosexuales, lesbianas, trans o como se quieran llamar.

Homofobia es el temor a los homosexuales aunque en la actualidad a la palabra homofobia se le da el significado de odio a los homosexuales.

Ni Dios, ni la Biblia ni los cristianos, son homofóbicos. Ni Dios, ni la Biblia ni los cristianos les tememos a los homosexuales y ni Dios, ni la Biblia ni los cristianos tenemos una posición de odio hacia los homosexuales.

La idea de que sí somos homofóbicos la han diseminado los lobbies gays para evitar que se escuche lo que Dios dice en cuanto a ese estilo de vida de pecado.

Tampoco discriminamos en el sentido negativo que intentan darle a la palabra cuando se trata de homosexualidad para nuevamente evitar que se escuche nuestra voz condenando el pecado.

Ni Dios, ni la Biblia ni los cristianos quieren quitar a los homosexuales de sus trabajos ni impedirles que practiquen el arte, el deporte… del mismo modo que no se lo impedimos a ningún otro tipo de pecador.

Lo que sí hace Dios, la Biblia y los cristianos es juzgar lo que es aceptable y lo que no es aceptable dentro del código moral del cristianismo. 

Aunque existan muchas leyes que legalmente amparen la homosexualidad, no existe ley legal que pueda obligarme a aceptar como válida moralmente la homosexualidad y dentro de mi código moral tengo todo el derecho de calificar a la homosexualidad como un pecado, que es lo que Dios dice que es: pecado.

Y nadie que nos diga que llamar a la homosexualidad de pecado está mal, porque el mal es un valor moral y están juzgando desde su posición moral, puede negarnos el derecho de nosotros decir que la homosexualidad es un pecado porque esa definición coincide con nuestro valor moral.

Desde un punto de vista moral, nadie puede condenar ni a Dios, ni a la Biblia ni a los cristianos por llamar a la homosexualidad de pecado y tampoco tienen el derecho de ponernos calificativos negativos como homofóbicos o discriminatorios, nosotros nos estamos moviendo dentro de nuestro código moral, que ellos acepten como válido o no a nuestro código moral no les da ningún derecho sobre nuestro estilo de vida.

Desde un punto de vista legal, nadie puede negarnos que vivamos bajo el código moral que como cristianos hemos elegido ni impedirnos llamar a las cosas por el nombre que Dios le da: al pecado, pecado.

Los cristianos son homofóbicos


Canon se refiere a los libros que conforman a la Biblia.

Todos los libros del canon bíblico señalan hacia dos hechos esenciales de la historia de la redención: el Mesías que vendría en el Antiguo Testamento y la llegada del Mesías en el Nuevo Testamento.

No existe un teólogo serio que diga que alguno de los 66 libros que componen la Biblia no debería estar allí, ni existe el teólogo serio que pueda decir que falta algún libro para agregar en la Biblia.

Desde el comienzo de la historia de la humanidad, hasta el día de hoy, quitar palabras de Dios impide que el hombre pueda conocer lo que Dios espera de él; agregar a las palabras de Dios implica forzar a los hombres a hacer cosas que Dios no espera que hagan, por eso es esencial conocer con certeza que estos 66 libros son los necesarios para la vida cristiana.

No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno. Deuteronomio 4:2

Para confiar y obedecer a Dios, debemos estar seguros que la Biblia que tenemos es la completa Palabra de Dios.

No pueden existir dudas sobre la autoridad de la Biblia como la Palabra de Dios.

Desde hace un tiempo se han comenzado a levantar voces que sostienen que ha habido un complot en la iglesia para no agregar ciertos libros al canon. Esto es completamente falso.

Los libros que componen el Antiguo Testamento son los que los israelitas habían calificado y agrupado en la Torah y no tenían dudas de cuáles libros debían o no integrarla.

Los judíos tenían claro que, excepto el Pentateuco de Moisés, los demás libros fueron escritos en el período o cerca del período al que se refieren y que todos, incluidos los cinco libros de Moisés, lo que plasmaban, coincidían completamente con la verdad. 

En cuanto al Nuevo Testamento, hacia el 150 d.C., se hizo el canon de Muratori que no incluía las cartas de Pedro, Santiago y Hebreos, aunque se los consideraba válidos.

Desde el 180 d.C., ya se usaban los 27 libros que integran nuestro Nuevo Testamento y es Orígenes de Alejandría, en su ministerio, que los definió como “Escritura”.

Se dejaban fuera varios pseudos evangelios y otros libros porque no se les consideraba “Escritura”.

Lo que hacía que un libro fuera “Escritura”. 

Debía ser escrito por un apóstol o bajo la dirección de un apóstol.

Su contenido debía coincidir con la doctrina general de todas las Escrituras.

Debía ser usado desde la época temprana de la iglesia y debía tener un uso general en todas las iglesias.

Si un escrito no coincidía con esto, no era considerado “Escritura” y no se incluía en el canon.

Si creemos que Dios inspiró las Escrituras, también debemos creer que Dios mismo se encargó de que nos llegaran, como su Palabra, los libros que Él quiso y preservó y dirigió para incluirlos en lo que hoy llamamos Santa Biblia.

Tiene la Biblia los libros que Dios quería que tuviese