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Debemos entender que cada uno de los libros del Nuevo Testamento está vinculado con la predicación que Jesús les encargó a los apóstoles.

Estos hombres serían guiados por el Espíritu Santo para comenzar la predicación del evangelio.

Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros. Mateo 10:20

Ellos tenían la autoridad de Jesús, eran sus portavoces y sus enseñanzas fueron el fundamento de la iglesia que nacía (junto con las que habían heredado de los profetas)

Es así que la iglesia se funda en los fundamentos de los profetas y de los apóstoles.

Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,  Efesios 2:20

Para comunicarse con todas las iglesias que van naciendo, los apóstoles comienzan a escribir cartas para dirigir, corregir, instruir, a la iglesia.

Y las iglesias copiaban estas cartas y las compartían unos con otros.

Es así que nace naturalmente el canon del Nuevo Testamento al cual podíamos llamar un producto de la actividad de los apóstoles.

La iglesia primitiva, para conocer la verdadera enseñanza de Jesús, usaban la enseñanza de los apóstoles.

El Nuevo Testamento contiene esa enseñanza y nada más era necesario incluirse en ella.

Por qué no hay más libros en el Nuevo Testamento


¿Por qué las Biblias católicas tienen más libros que las Biblias evangélicas?

A los libros apócrifos o deuterocanónicos podemos dividirlos en dos grupos: los aceptados por la Iglesia Católica y los no aceptados por la Iglesia Católica.

Los aceptados e incluidos en las  Biblias católicas son escritos judíos que datan entre el 200 a.C., y el 100 d.C.

Este grupo de libros adicionales reciben el nombre de “deuterocanónicos” o “apócrifos”.

Deuterocanónico significa “segundo cánon”; y apócrifos significan “escondidos”.

Se les llamó deuterocanónicos porque no integraron el primer cánon de la Biblia.

Se les llamaba apócrifos porque se creían que eran libros que se habían mantenido ocultos y un halo de misterio los rodeaba.

Entre los libros apócrifos del primer grupo, encontramos a 1 y 2 de Esdras, Tobías, Judit, Sabidurías de Salomón, Eclesiástico, Baruc, Carta a Jeremías, Oración de Manasés, 1 y 2 de Macabeos, y trozos que se agregan a los libros de Daniel y de Ester e integran el Antiguo Testamento de las Biblias católicas.

En estos libros se encuentran muchos errores y contradicciones y los judíos nunca los agregaron a su Torah y ni los primeros cristianos los tomaron como “Escritura”.

Ni Jesús ni los apóstoles  mencionan estos libros en ningún momento de sus ministerios.

Los errores y contradicciones que tienen son del tipo histórico, los hechos que narran no concuerdan con el tiempo en que son ubicados, y son doctrinalmente diferentes al resto de la Biblia.

La Iglesia Católica los agregó a su canon recién hacia el 1500 d.C., para poder apoyar ciertas doctrinas particulares de este grupo que no tienen apoyo ni validez en el resto de la Biblia.

Por ejemplo, es en estos libros que encuentran el apoyo para la petición a los santos, las ofrendas a cambio del perdón, las oraciones por los muertos, y otros puntos doctrinalmente incorrectos en el contexto global de la Biblia.

Se los puede considerar documentos históricos, de los cuales extraer alguna información, pero no como escritos inspirados por Dios. 

El segundo grupo de los libros apócrifos fue escrito entre el siglo I y el siglo VII d.C., y ellos atacan las bases del cristianismo.

Es por eso que ninguno de los grupos de los libros apócrifos es considerado como parte de las Escrituras para los evangélicos.

Qué son los libros apócrifos o deuterocanónicos


Canon se refiere a los libros que conforman a la Biblia.

Todos los libros del canon bíblico señalan hacia dos hechos esenciales de la historia de la redención: el Mesías que vendría en el Antiguo Testamento y la llegada del Mesías en el Nuevo Testamento.

No existe un teólogo serio que diga que alguno de los 66 libros que componen la Biblia no debería estar allí, ni existe el teólogo serio que pueda decir que falta algún libro para agregar en la Biblia.

Desde el comienzo de la historia de la humanidad, hasta el día de hoy, quitar palabras de Dios impide que el hombre pueda conocer lo que Dios espera de él; agregar a las palabras de Dios implica forzar a los hombres a hacer cosas que Dios no espera que hagan, por eso es esencial conocer con certeza que estos 66 libros son los necesarios para la vida cristiana.

No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno. Deuteronomio 4:2

Para confiar y obedecer a Dios, debemos estar seguros que la Biblia que tenemos es la completa Palabra de Dios.

No pueden existir dudas sobre la autoridad de la Biblia como la Palabra de Dios.

Desde hace un tiempo se han comenzado a levantar voces que sostienen que ha habido un complot en la iglesia para no agregar ciertos libros al canon. Esto es completamente falso.

Los libros que componen el Antiguo Testamento son los que los israelitas habían calificado y agrupado en la Torah y no tenían dudas de cuáles libros debían o no integrarla.

Los judíos tenían claro que, excepto el Pentateuco de Moisés, los demás libros fueron escritos en el período o cerca del período al que se refieren y que todos, incluidos los cinco libros de Moisés, lo que plasmaban, coincidían completamente con la verdad. 

En cuanto al Nuevo Testamento, hacia el 150 d.C., se hizo el canon de Muratori que no incluía las cartas de Pedro, Santiago y Hebreos, aunque se los consideraba válidos.

Desde el 180 d.C., ya se usaban los 27 libros que integran nuestro Nuevo Testamento y es Orígenes de Alejandría, en su ministerio, que los definió como “Escritura”.

Se dejaban fuera varios pseudos evangelios y otros libros porque no se les consideraba “Escritura”.

Lo que hacía que un libro fuera “Escritura”. 

Debía ser escrito por un apóstol o bajo la dirección de un apóstol.

Su contenido debía coincidir con la doctrina general de todas las Escrituras.

Debía ser usado desde la época temprana de la iglesia y debía tener un uso general en todas las iglesias.

Si un escrito no coincidía con esto, no era considerado “Escritura” y no se incluía en el canon.

Si creemos que Dios inspiró las Escrituras, también debemos creer que Dios mismo se encargó de que nos llegaran, como su Palabra, los libros que Él quiso y preservó y dirigió para incluirlos en lo que hoy llamamos Santa Biblia.

Tiene la Biblia los libros que Dios quería que tuviese