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En los tiempos que corren, los valores son una cosa difícil de definir. Cada uno ha elegido los propios valores por los cuales vivir, como si eligieran el sabor de helado que prefieren hoy.

Y como todos proclaman el derecho a tener sus propios valores, el mundo está así, confundido y en caos.

Y lo tremendo que la validez que se le está dando a los valores cambia más rápido que el jean de moda. Los valores se hacen más obsoletos y más dejados de lado, de un modo mucho más rápido que el jean chupín; y los nuevos valores se asimilan más rápido que el nuevo corte de jean.

Este cambio está mostrando la realidad de nuestra sociedad.

¿Quiénes están determinando los valores de moda?

Youtubers, bloggers, músicos, actores, activistas de un lado y otro… 

Pero eso está muy lejos de lo que debía ser. De lo que es en realidad. Porque los valores emanan de Dios.

Todo lo que está escrito en ese libro que muchos consideran obsoleto, la Biblia, refleja el carácter moral de Dios, los valores por los que Dios quería que rigiéramos nuestras vidas.

Su Palabra es la que nos revela los verdaderos valores. 

Los únicos valores que hacen viable una vida en paz, la solidaridad, la confianza, la amistad, el fin de las traiciones, las enemistades… es que nuestra vida se impregne y viva por los valores de Dios.

Cualquier valor que contradiga a los valores de Dios, es falso, es mentira, trae caos y provoca destrucción de la familia, las amistades, la sociedad…

Anímate a vivir por los valores que allí enseñan y vas a descubrir la diferencia. Vas a comenzar a construir una vida que vale la pena y te transformarás en alguien en quien todos pueden confiar. Para esto es que sirven los valores


Los valores ¿Qué son? ¿Para qué sirven?

Los cristianos debemos mantener una postura bíblica en cuanto a la ideología de género y todo lo que se desarrolla alrededor de ella.

Un género no puede ser definido obviando toda evidencia genética, biológica, científica y bíblica. 

Las experiencias, los sentires, las inclinaciones, las preferencias… etc., no pueden ser la base para definir el género.

Dios estableció dos géneros: masculino y femenino, cada uno de ellos se corresponde con un sexo que genéticamente está determinado; el género masculino se corresponde con el varón, el género femenino se corresponde con la mujer. Ambos sexos y géneros son diferentes y complementarios.

Los cristianos debemos entender que estamos viviendo en una anarquía moral que se aparta de toda realidad biológica, científica, genética y bíblica y como cristianos debemos defender la verdad.

Las sociedades al defender las ideologías de género han desarticulado la realidad de nuestra estructura física y están enseñando desde la infancia que hay niñas con pene y varones con vagina, algo completamente falso e incoherente.

Como cristianos debemos defender el diseño original de Dios, el sexo biológico se corresponde con el género con el cual debemos identificarnos, y en ese diseño de Dios las vidas de hombres y mujeres son completas.

Ante cualquiera que se sienta encerrado en un cuerpo que no corresponde con su género, como cristianos, debemos entender que el pecado es quien ha provocado esa percepción errada de sí mismo.

Los cristianos debemos enseñar a nuestros niños que Dios los hizo varones, debemos enseñarles la belleza y la bendición de ser varón. A nuestras niñas debemos enseñarles que Dios las hizo mujeres, debemos enseñares la belleza y la bendición de ser mujer.

No está mal enseñarles identificarse y apropiarse del género que corresponde con su sexo. David se lo enseñó a Salomón.

…esfuérzate, y sé hombre. 1 Reyes 2:2

Como cristianos debemos luchar por alcanzar con la verdad de Dios a todos los que han sido engañados por su propio pecado y por las ideologías de género que son patrocinadas por las grandes naciones y las grandes multinacionales que tienen intereses creados en que estas ideas se propaguen y que la pérdida de valores cristianos se acentúe en las sociedades.

Como cristianos debemos enseñarles que el pecado ha corrompido sus vidas y que están en el camino de la perdición pero que hay gracia de Dios para todo aquel que se arrepiente y se aparta de su pecado para vivir una vida nueva.

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5:17

Los cristianos y la ideología de género